La nostalgia por la era soviética se ha tornado en moda. Los usuarios de la web mundial se reúnen en comunidades, intercambian recuerdos de la infancia y la juventud, miran fotos de objetos de las décadas desde los cincuentas hasta los ochentas, discuten sobre cuánto se podía comprar con un solo rublo, cómo explotaban los paquetes de leche en forma de pirámides, o cuán difícil resultaba “conseguir” en condiciones de un déficit total una aspiradora o un televisor a color
Lavadoras Aurika; relojes Poljot, Raketa, Zaria; ventiladores Orbita; licuadoras soviéticas, automóviles Lada, Moskvich, Volga, o Niva, motos Ural, camiones KP3, GAZ, KAMAZ, televisores Electrón, Rubin y Krim, despertadores Slava y Sevani (5)… Todas estas marcas resultan familiares para quienes vivieron en la isla entre los sesenta y principios de los noventa. En muchos casos, estos objetos que tienen más de veinticinco y treinta años de antigüedad, siguen sirviendo fielmente, ocupando un lugar central en el día a día de miles de cubanos que han visto entrar y salir a lo soviético en el transcurso de tres décadas.








